Domingo húmedo de Diciembre, raro para nuestra Posadas que suele tenernos con calores intensos en estas fecha.
En la casa un silencio propio de un sábado largo, cuando en varias mesas misioneras se empiezan a acercar las sillas, en nuestra cocina domina el silencio.
De pronto arrancan los ruidos y nos encontramos con G en la cocina con cara de ¿Qué vamos a comer?, rápida tormenta de ideas y sale listo pastas es lo más rápido.
Bueno manos a la obra, elaboramos rápidamente la lista de compra y marchamos rumbo al supermercado sin saber que iba a iniciar el viaje a un instante icónico en nuestras vidas y que talvez él no sepa pero para mí fue y será memorable.
Arrancamos el recorrido por el super y ni bien ingresamos, me dice ..."Pará ya vengo"..., mientras tanto yo agarraba unas bolsas para zambullirme en el mar de frutas y verduras; de pronto aparece con su sonrisa luminosa con un paquete en la mano, charlamos un momento del producto tirando datos al aire como grandes expertos del tema, no hay más nadie alrededor esto se convierte en esos momentos mágicos donde solo hay dos personas que charlan y parece que el mundo se detiene a su alrededor.
Flash !!! listo ya paso vuelve el mundo a sus tiempos veloces, ruidos y gente charlando volvemos a seguir con la lista del almuerzo que por un rato nos olvidamos, bueno dale carne o pollo, ravioles o fideos, queso, pan y sigue corriendo el check list, vamos y venimos por los pasillos, el almuerzo se mezcla con la merienda y salta la super idea de una picada previa, nuevamente nos encontramos frente a la góndola charlando de algo que no tenemos idea (picado fino, picado grueso, tal o cual marca), ni uno de los dos tenemos alguna idea al respecto pero el que nos observa frente a la góndola puede creer que somos unos especialistas en chacinados.
Bueno listo, tenemos todo marchamos rumbo a casa para poner en marcha el almuerzo tardío.
La casa ya tiene sonidos, los demás integrantes ya activaron, arranca la cocina revuelto de que si y que no, se arma la picada sale un aperitivo también, todo corre de manera frecuente, pero nada es frecuente aquel paquete espera su momento para pasar de actor de reparto a protagonista.
El almuerzo en marcha, sale charla familiar de temas random, bah cada uno habla de lo que quiere interrumpiendo al otro, porque cada uno de nuestros temas es importante, el clima sigue cambiando pasa de una mañana húmeda y pesada a una siesta fresca, el sol está tímido y no quiere salir juega a las escondidas entre las nubes.
El almuerzo ya está casi listo, abandonamos la isla de la mesada para pasar a la mesa, arranca la danza de platos y los comensales al redor de la mesa como si fuese un rito sagrado y algo de eso tiene un almuerzo dominical en Argentina, donde se mezclan charlas, discusiones, anécdotas, ufff ! Está picante la salsa! Qué le pusiste, pimentón extra?
No! solo condimento de pizza.
Mmm, me parece que no.
Claro que Sí! Cómo no voy a saber que le puse.
Los tres nos miramos y pensamos (Algo más le puso porque el condimento de pizza no es tan picante, mientras metíamos una porción de pan para combatir el picante)
Sale postre, frutas de estación.
Termina almuerzo casi merienda, cada uno va para sus cuevas. Uno se zambulle en su universo social media, el otro ajusta un poco más sus conceptos porque mañana rinde, los demás agarramos el control y los sillones para navegar entre las plataformas digitales.
Listo me acuerdo que tengo que mitigar mis ganas de ser técnico arreglador y me pongo a intentar arreglar una herramienta que utilizo poco.
Las manecillas del reloj empiezan a querer marcar las seis, baja R con ganas de merendar, nuevamente la isla toma protagonismo yo ya me olvidé que quería ser técnico arreglador de cosas y me instalo en la isla, G baja por la hora o porque la "procrastinación" (palabra que está de moda y todos queremos usar) le gana una batalla y lo trae para la isla, sale debata del horario de merienda y si R tiene hambre real o solamente es una cuestión horaria, nuevamente las mentes más notables se reúnen en la isla y arrancamos el debate de tesis doctorales al respecto de las necesidades básicas de alimentación, bueno ya son las 6, R arranca la merienda y G da vuelta y saca su paquete de Yerba Mate Cósmico una yerba de gran movida en redes sociales y que los pibes quieren probar, yo de puro padre metido agarro la posta para armar el mate, se elige el mate, la bobilla, cósmico sale a escena abrimos el paquete y observamos que aromas tiene esta yerba tan famosa (mmm nada de otro mundo, parece suave) arranca la charla de "expertos catadores" un novel y un eximio con más de 20 años de experiencia en el rubro, que los palos, que la yerba chaqueña, que la correntina, que yo no voy a tomar nunca un mate con yerba uruguaya, que si que no.
Mientras tanto Cósmico arrancaba su magia propia del mate, esa bebida que junta, que une, que es tan mágica que mata el tiempo y tiñe el ambiente de ese color cálido que va invadiendo todo.
Ya no importa si es suave o fuerte, Cósmico es mágica, es esa por porción de Misiones que convierte una habitación en hogar y un instante de tiempo en un momento único.
Y de repente nos encontramos tomando mates al rededor de esa isla que nos vio mil veces cocinar, nos escuchó charlar, discutir, reír y llorar. Hoy nos nos observa tomando mate acodados cada uno a un lado así parado como quien se encuentra en la calle y se pone a charlar.
Hoy aquel gurí al que le preparaba las mamaderas hoy es un hombre que toma mate amargo mano a mano hablando de todo un poco, la tele muestra un programa de cocina que miran N y G y yo chusmeo y opino como casi de todos los temas que surgen en mi al redor, mientras tanto el tiempo corre y el agua va mojando la yerba, risas, opiniones, nos convertimos en maestros reposteros y opinaos de todo.
Va terminando el mate, el agua hace sus últimos firuletes sobre el mate, la charla se diluye y se rompe la ronda imaginaria, listo sin darnos cuenta pasó un momento mágico y hasta el nombre de la yerba acompaña.
Lo que nació como ir a hacer las compras para el almuerzo derivó en el primer mate mano a mano con aquel que una siesta me empezó a enseñar a ser padre y hoy con sus charlas me ayuda a ser hijo.
La vida es un conjunto de instantes, debemos ser capaces de atesorar aquellos instantes que nos dieron felicidad.

